Lecciones de los Video Juegos

Se acusa a los videojuegos de ser una mala influencia para la juventud. Se les acusa de transmitir valores poco constructivos, de hacer que los jugadores no piensen y se conviertan en autómatas sin cerebro.

Sin embargo, quienes hemos jugado suficiente a videojuegos sabemos que éstos pueden enseñarnos tanto como nosotros estemos dispuestos a aprender. Sólo hay que ver lo que realmente nos dicen y cómo actuamos mientras

jugamos para darnos cuenta de que muchas de las experiencias vividas virtualmente son perfectamente trasladables al mundo real.

He aquí nuestro particular decálogo de lecciones vitales aprendidas tras mucho jugar a videojuegos de todo tipo.

1. Planifica antes de actuar

Uno no puede enfrentarse a una fase de un juego sin tener una mínima idea de lo que va a hacer. ¿Hay lugares donde cubrirse? ¿Cuáles son los enemigos? ¿Hay objetos ocultos que podamos encontrar?

De la misma manera, uno no puede ir por la vida sin hacer planes. Tiene que saber lo que va a hacer en la siguiente fase, ya sea durante el día, las próximas semanas, o el resto de la vida.

Una buena planificación evita que cometamos errores tontos. Es posible que las cosas no salgan como habíamos previsto, pero seguro que aprenderemos mucho más que si vamos simplemente de paseo sin rumbo definido.

2. Siempre hay más de una manera

Tras morir diez veces en una fase, uno se da cuenta de que a lo mejor, la mejor solución no sea ir de frente hacia las hordas enemigas, sino que quizás, sólo quizás, hay otro camino que nos sirva para superar esa fase que se nos resiste.

Estudiar la situación fríamente, abstraerse de la acción, y contemplar todas las posibilidades nos da una ventaja estratégica en cualquier tipo de juego, consiguiendo muchas veces encontrar fases ocultas llenas de premios.

De la misma manera, estudiar todas las posibilidades siempre es algo que debemos hacer en la vida, y en más de una ocasión nos damos cuenta de que la solución estaba delante de nuestras narices.

3. Interactúa con la gente

En los juegos de rol, la interacción con los NPC suele darnos información útil, ya sea sobre la misión en curso, la ubicación de objetos valiosos, o simplemente de la historia tras la línea argumental principal del juego. En todo caso, siempre nos aporta algo.

Ser comunicativos, hablar con la gente, y sobre todo, escuchar, siempre es un buen consejo en la vida real. Nos aporta conocimiento, aumenta nuestro 'Carisma', y nos descubre nuevas maneras de pensar y de afrontar las situaciones del día a día.

4. Selecciona bien a tu equipo

Si juegas como mago, mejor que elijas a un guerrero o a un paladín para acompañarte en tu viaje. En un juego, saberte rodear de personajes que complementen o potencien tus habilidades es fundamental para superar los diferentes obstáculos a los que te enfrentes.

De la misma manera, en la vida real hay que saber rodearse de personas que nos aporten algo y con las que podamos interactuar potenciando el grupo. Quizás no para enfrentarse a dragones y trolls de hielo, pero sí para que la relación aguante cualquier adversidad.

5. Conócete a ti mismo

Ya conoces a tu equipo, pero ¿sabes realmente cuáles son las cualidades de tu personaje? Ojalá en la vida tuviéramos marcadores que indicaran los puntos fuertes y débiles de nuestra personalidad y físico. Sin embargo, no es tan difícil: en la mayoría de los casos, somos perfectamente conscientes de nuestras habilidades y defectos, pero muchas veces no queremos admitirlo o enfrentarnos a ello.

Una buena introspección y una buena dosis de autocrítica son el mejor análisis de nuestro personaje 'real', y con el análisis hecho podemos saber dónde debemos asignar los puntos de experiencia para hacerlo más completo y polivalente.

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