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Puede que cuando leas esto ya hayas pasado por el cine para ver la película de ‘Prince Of Persia: Las Arenas Del Tiempo’, basada en el juego del mismo nombre, así que la alegría o el cabreo que tengas en este momento seguramente influirá a la hora de adentrarte en este análisis. El juego sobre el que hablaremos será ‘Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas’, que no tiene nada que ver con la película salvo porque huele a la legua a maniobra comercial.

Precisamente eso fue lo primero que me echó para atrás a la hora de afrontarme al juego, pero la promesa de recuperar las bondades que catapultaron a la franquicia de la mano de Ubisoft en 2003 me atrajo lo suficiente como para olvidarme de ese detalle y ponerme a los mandos sin prejuicios. Si acerté o me equivoqué es algo que intentaremos explicar en este análisis de ‘Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas’.

El retorno a la trilogía de las arenas que presenta ‘Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas’ viene a rellenar el hueco temporal que existe entre ‘Prince Of Persia: Las Arenas Del Tiempo’ y ‘Prince of Persia: El Alma del Guerrero’. Una estrategia que sirve como excusa para hacernos olvidar una notable pero duramente criticada última entrega, a la vez que invita a los que vayan a ver la película a seguir la historia que les acaban de mostrar, pero en su consola.

El argumento, que podría ser perfectamente prescindible por su previsibilidad y abundancia de reiteraciones, nos muestra un príncipe que viaja a la región gobernada por su hermano y al llegar se encuentra con que un batallón enemigo tiene a toda la ciudad contra las cuerdas. Su hermano, superado por la situación, decide liberar un ejercito legendario que le ayude a combatir. El tiro le sale por la culata y unas tropas comandadas por esqueletos vivientes arrasan con sus enemigos y con el palacio. A partir de aquí los hermanos se separan y el príncipe debe ir recorriendo zonas hasta alcanzar a su pariente. Salvando spoilers y alguna que otra “sorpresa inesperada“, poco más.

En realidad sería más que suficiente si la jugabilidad estuviese a la altura de la franquicia, pero lamentablemente no es así. Los puzzles en ningún momento suponen un reto y, cuando lo hacen, es porque te quedan menos de 10 minutos para completar el juego. Algo que, por otro lado, no te dará para más de 6 o 7 horas. Sí es cierto que los nuevos poderes del príncipe como solidificar el agua o reconstruir elementos destruidos dan mucho juego y, a grandes rasgos, están bien aprovechados, convirtiendo los momentos plataformeros en un pasatiempo muy entretenido. Pero la repetición de acciones y el constante recuerdo de tiempos mejores hacen mella en nuestras impresiones.

Me gustaría ver ahora qué opinan todos aquellos que pusieron a parir de un burro al anterior ‘Prince of Persia’ por ser demasiado fácil, porque éste también podría considerarse un juego de paseo. Lo cierto es que me he acordado de la entrañable Elika en más de una ocasión, no por el carisma que tanto ella como el príncipe desprendían en aquella aventura, sino porque en ‘Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas’ se echa de menos que te cojan de la mano y te devuelvan al principio de la zona sin tener que ver cómo mueres de la misma forma sea cual sea la situación y encima tengas que tragarte el vídeo que te mostraron al entrar en la habitación.

Si hay algo que se le debe echar en cara a ‘Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas’ es que pasa olímpicamente de todos los logros de la saga, dejándose por el camino grandes bondades como los puzzles que obligaban a manipular el tiempo o el espectacular sistema de lucha de las últimas entregas.

Lo de este último punto en realidad clama al cielo. Tras haber conseguido con el paso de los años que las luchas del príncipe fuesen una delicia, tanto a nivel jugable como visual, aquí se han limitado a instaurar un botón para apartar enemigos, uno para esquivar y otro para atacar que podremos mantener pulsado para causar más daño o aporrear para repetir un idéntico combo una vez tras otra. Olvidaos por tanto de ver al príncipe fluyendo entre sus enemigos mientras acabas con todos como si estuvieses bailando con ellos.

Si bien es cierto que el sistema de progresión instaurado nos servirá para aprender cuatro magias con las que hacer frente a nuestros rivales, en cuanto mejoréis la de viento hasta el cuarto y último nivel (no más de media hora de juego), las batallas, incluso contra los enemigos más temibles, se convertirán en un simple y antiestético tándem de hacer magias y aporrear botones.

Lo único destacable de este apartado es la posibilidad de saltar sobre los enemigos y realizar un ataque que aportará algo de espectacularidad, pero vistas unas veces las tres variaciones que ofrece nos limitaremos a lo fácil.

No se si esperabais más, pero es lo que hay. Ni siquiera la inclusión de un modo desafío en el que sin apenas despeinarnos nos enfrentaremos a 8 hordas de enemigos consigue suplir las carencias de un título que bien podría haber sido un referente si se hubiese lanzado hace siete años, pero a día de hoy ‘Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas’ no aporta absolutamente nada nuevo. Esperemos que, pasada la fiebre hollywoodiense, se retome la historia del 2008 y se corrijan los errores que el público demandaba. Desde luego, aquí, entre tanta arena olvidada, no hay nada más que buscar.

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